Cuando era un niño dibujaba. Aprendí a dibujar a una edad temprana como suelen hacerlo todos los niños, pero mis dibujos se asemejaban demasiado a la realidad. No me gustaban los colores infantiles ni las formas de fábula. Dibujaba gatos reales, gente real, sombras y brillos difuminados. Recuerdo la cara de asombro de la profesora de la clase de párvulos enseñándole mis dibujos a todos los demás niños, y no es por ser egocéntrico, pero ahora comprendo porque muchos se empeñaron hacer de mi infancia un campo de batalla: la envidia que había despertado en muchos de sus corazones.
Pero sobre todo amaba la música y sobre los 7 u 8 años mi madre me llevó al conservatorio, más para que aprendiera a tocar un instrumento, ella quería que hiciera nuevos amigos. Pero yo quería tocar el violín y mi nota del examen de acceso no lo permitía... era un examen para niños que ya tenían conocimientos de la música, cuando yo iba de nuevas. Entonces no tuve opción: un instrumento de viento, el clarinete.
Y aprendí solfeo y coral durante varios años, mientras paralelamente tomaba las clases prácticas del clarinete. Salía en orquestas del auditorio, bajo los grandes focos y entre aplausos, salía en las bandas de las calles...
Pero no era lo mío y lo sabía. Siempre tuve el violín en la cabeza y, dejé la música hace unos cuantos años, aunque cantar en el coro se me daba bastante bien.
Ahora, años después amo la música y sigo empeñado en aprender a tocar el violín.
Y quizás pronto tenga uno entre mis hombros.
domingo, 27 de marzo de 2011
miércoles, 23 de marzo de 2011
Acogida Tentadora
Perdido encuentro un hogar con una agradable familia. Ellos quieren que YO sea feliz. Espero la cena en la sala de la chimenea para secarme de la lluvia, la hija se ducha y su hermano espera sonriente junto a mí.
Descanso incitante, mano viva y autónoma y fruto oculto que se mueve bajo el suave cielo que cubre lo terrenal, aclamando dicha mano.
Luego, mano con mano, ella está mojada y damos vueltas y vueltas. Sobre sillas, entre una puerta, estiro de sus brazos y su cabeza resuena en el marco.
Después de la cena parto mi viaje, ya ha amanecido, alguien me sigue y me giro.
Es ella, la hija, me abraza y me suplica: "quédate conmigo".
Me agarra de la mano y camina, conmigo.
Bajo el sol del medio día ahora.
Lejos... tal vez a mi hogar incierto.
Mi despertar es triste y pienso... ¿dónde os hayáis ahora?
Descanso incitante, mano viva y autónoma y fruto oculto que se mueve bajo el suave cielo que cubre lo terrenal, aclamando dicha mano.
Luego, mano con mano, ella está mojada y damos vueltas y vueltas. Sobre sillas, entre una puerta, estiro de sus brazos y su cabeza resuena en el marco.
Después de la cena parto mi viaje, ya ha amanecido, alguien me sigue y me giro.
Es ella, la hija, me abraza y me suplica: "quédate conmigo".
Me agarra de la mano y camina, conmigo.
Bajo el sol del medio día ahora.
Lejos... tal vez a mi hogar incierto.
Mi despertar es triste y pienso... ¿dónde os hayáis ahora?
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