lunes, 24 de octubre de 2011

Desencadenación de sueños: Paseos nocturnos por mi ciudad

En el centro de mi ciudad hay una Torre Árabe, junto a ella hubo un mercado en forma de gran edificio que recientemente han demolido, ahora únicamente queda un solar con escombros.
Pues bien, el extenso sueño que tuve esta noche ocurrió mientras paseaba alrededor de dicha plaza o zona.


Sueño
Paseaba en la noche, a la luz de las farolas, por un camino lleno de curvas y cuestas metálicas, se trataba de un laberinto de andamios parecido a una montaña rusa que había sido construido sobre los escombros del mercado central.
Conmigo iban mi amigo Iván y su novia. Los dos iban cogidos de la mano, yo iba un poco más atrás.
En un momento dado se sueltan la mano e Iván acelera el paso hasta girar el siguiente recodo del andamio.
Ella se queda conmigo y cuando me fijo en su cara no era ella, sino la ex-novia de otro amigo, con la que nunca tuve una gran amistad.
Me pregunté qué hacía con ella y me alejé de allí. Bajé el andamio y llegué curiosamente hasta el porche del antiguo edificio del mercado, curiosamente ya no estaba demolido.
Allí me encontré con mi padre, quien acababa de comprar allí y iba cargado de bolsas de plástico blancas. Me ofrecí para ayudarle con algunas bolsas y llevarlas a casa (todavía era de noche). Entonces mi padre se encontró con un amigo suyo que no conozco en el mundo en vigilia. Era un hombre de avanzada edad, lo noté por las canas  algunas arrugas en su rostro, pero su cuerpo era robusto a la vez que atlético, como de un hombre más joven y cuidado.
En cierto momento dicho hombre me dirigió a mi unas palabras. No recuerdo bien que me dijo, pero hablaba más conmigo que con mi padre. Entonces acercó su mano a mi mejilla y sin querer clavó una de sus largas uñas en mi ojo.
Sentí el dolor atravesando mi globo ocular.
Instintivamente aparté su mano de mi rostro y me llevé la mano al ojo soltando una exclamación de dolor.
Me pidió perdón varias veces, después dijo que no era nada. Mi padre se marchó con las bolsas y corrí para alcanzarlo dejando a su amigo allí.
Entonces sentí un dolor más intenso en mi ojo izquierdo -donde me había herido el hombre- y pensé: quizás me haya atravesado el ojo con la uña. Y vi mi propio ojo abierto, perforado y sangrando.
Me desperté con un dolor insoportable en el ojo... aún ahora, mientras lo escribo, puedo sentirlo. Siento el palpitar del dolor ocular.

Retorno del Demonio


Hacía tiempo que no soñaba con este ser. Nunca escribí acerca de él en mis diarios pero siempre estuvo bien presente en mi mente, en mi vida, en mis sueños y pesadillas. Sé bien su nombre pero no lo escribiré.
Es un demonio que coexiste en varios universos o realidades: en el mundo físico o de vigilia, en el mundo onírico y en el mental o de pesadillas, y, quién sabe si en más. Es alguien poderoso, de eso se me ha advertido.
En el mundo físico lo conocí hace un poco más de un año. Su mirada celeste perturbó mi paz y profanó mi sanidad. Desde que lo vi observarme tan profundamente en mi propia clase -donde estudiaba- esa inquietud fue sembrada en mi alma y sus frutos me fueron dañando por dentro cuando se hacía de noche.
Él se me aparecía mientras dormía. No le bastaba con sólo leer mi alma cuando estaba despierto.
Pero desde el principio supe que eso no eran sueños normales, ni simples pesadillas. Lo veía tan nítido, era como cuando lo veía en la realidad, veía los colores y matices de su rosada piel, sus ojos clavándose en los míos como cuchillos.
Su figura desnuda me obligaba con la mente a mirar más bajo, casi al suelo, él controlaba los movimientos de mi cuello. Notaba unas manos invisibles, largas y oscuras clavarse en mis mejillas.
Quería que le mirara, quería centrar mi atención en él.
Nunca sabré bien por qué, pero yo le intereso. Me han dicho que tengo un poder parecido al suyo o incluso una reserva de energía superior que él quiere de mi, aunque no sepa usarla como lo hace él.
El caso es que cada vez que soñaba con él me obligaba a mirarle todo el cuerpo, y si no lo hacía aparecían esas manos de la oscuridad.
Tras él todo era de color negro, estábamos en el vacío de la intersección de nuestras dos mentes. En esa brecha que nos separa a nivel moral.
Yo esquivaba sus juegos y caminaba en el vacío sin prestarle atención. Él parecía enfurecerse y hacía girar mi cabeza. Pero nunca lograba que mirara allá donde él quería al final de cada visión. Nunca pasé del ombligo.
Mi fuerza de voluntad es fuerte, e incluso en esas circunstancias era capaz de destruir esas manos invisibles.
Cuando me despertaba mi estómago estaba revuelto, esa mirada celeste seguía clavada en mi entrecejo y sentía una agonía tremenda y ganas de correr a vomitar.
Pero nunca vomitaba, me levantaba incluso más cansado que cuando me acostaba la noche anterior. Sabía que me robaba energía a través de esos sueños, con su mirada, al igual que lo hacía en persona, cara a cara.
Intentó ser mi amigo y casi lo logra, intentó arrebatarme mis amigos, intentó poner en mi contra a mucha gente, intentó obsesionarme con sus visiones. Pero soy igual de fuerte que él, y esto es suficiente como para no ser vencido nunca, aunque esto también es el desencadenante de una batalla eterna.
¿Cuándo va a marcharse de mi vida?
De mi vida en vigilia ya se fue antes del verano, cuando decidí despojarlo de mis amistades y no dirigirle mirada ni palabra alguna cuando me lo cruzase por los pasillos o por las calles.
En ese entonces, precisamente, cesaron las pesadillas y dejé de verlo.
Dejó de producirse en mi, casi a diario, cada mañana, esas angustias sobrenaturales.
Pero hoy... 10 de Octubre del año 2011, ha vuelto en un sueño, casi tres meses después de haberlo hecho desaparecer.
Todavía hay algo en mí que quiere. Si soy yo o es algo mío es algo que probablemente no llegue a saber hasta la muerte.

Sueño

Entraba a un áula extraña que no reconocía como la mía del mundo real, pero sabía que en ese sueño aquél sitio me pertenecía. Debía llegar tarde, pues todos los pupitres estaban ocupados. Todos, excepto uno en la primera fila. Junto a ÉL.
Sí, ese demonio estaba esperando que tomara asiento junto a él. Con la forma de niño bueno que adopta en la realidad. Con la sonrisa invitadora a la falsa confianza.
La profesora me miraba tomar asiento y comenzaba la explicación.
Entonces yo me percaté que mi pupitre y el suyo estaban separados por un par de centímetros.
Me miró y me obligó mentalmente a juntar los pupitres. Corrí el mío hacia él hasta que quedaron contiguos.
Entonces él echó una carcajada y retiró el pupitre sin quitarme mirada.
Me quedé lejos, su pupitre se alejaba, la distancia entre los dos se dilataba y su mirada seguía mirándome.
Desperté.
Entonces advertí que mi estómago estaba revuelto, cosa que no ocurría desde hace meses...
Es extraño, pero estoy cansado, como si hubiese estado caminando toda la noche. Vacío de energía y dolorido por dentro. Tengo escalofríos y diarreas causadas por él.
Ahora... tres meses después me pregunto: ¿Qué sigue queriendo de mi?

Su próximo cumpleaños es curiosamente el 11 del 11 del 2011, los dígitos de su número de teléfono suman 11. Sueno conspiranoico, pero de la conspiración se forjó la historia. Además, sé desde lo más profundo de mi alma que ese ser fue enviado a mi vida con un fin bastante siniestro.

domingo, 16 de octubre de 2011

En la fábrica de extranjis

Yo era el líder de un grupo de trabajo, todos me obedecían pero yo era bastante modesto y siempre estaba callado, así que cuando quería dar una orden se lo decía a mi subordinado (creo que era un joven negro), y éste se lo comunicaba al resto. Así que creo que pocos trabajadores sabían que yo era el que realmente mandaba allí.
Estábamos en una fabrica y era por la noche. Pero no una fabrica propia, sino una a la que habíamos entrado de extranjis al caer la noche. Ahí podíamos avanzar con mi plan, mi plan era la creación de algo que había inventado-diseñado yo, y todos los trabajadores se dejarían la piel hasta ver aquella cosa finalizada.
Entre todos seríamos casi cuarenta.
La fábrica consistía en una persiana exterior (cuya cerradura había sido forzada por uno de mis hombres) que daba a un pasillo amplio y sucio, pero bien iluminado por unos tubos fluorescentes. A la izquierda habían dos puertas y al frente otra doble.
La sala de la segunda puerta de la izquierda era la que estaba mayormente llena de trabajadores que debatían en grupos como avanzar con sus tareas, allí estaba mi subordinado, el sub-jefe. Y yo estaba en la puerta del fondo, donde no habían más de diez trabajadores. Aquella sala era extraña: era rectangular y la pared de enfrente era un escaparate a una óptica que estaba cerrado con una persiana re rejilla. Era como una pasarela de la fábrica hasta el comercio de la óptica, lo que daba una idea vaga de qué sería aquella fábrica durante el día, cando estaba ocupada por sus verdaderos trabajadores.
Yo estaba nervioso y no trabajaba. Simplemente observaba yendo de una sala a la otra para ver como llevaban todos el trabajo. Temía que nos encontrasen trabajando en una empresa que no era nuestra.
Miré el reloj, llevábamos trabajando unas horas y pronto amanecería. Sabía que pronto vendrían los trabajadores reales de la mañana, así que fui a la sala donde trabajaba la inmensa mayoría y me dirijí al hombre negro que no paraba de indicarles órdenes a gritos. Le susurré en la oreja que debíamos abandonar la fabrica pronto, que por hoy ya estaba bien. El hombre negro les ordenó lo que yo le dije y todos se pusieron en fila india doble y salieron al pasillo. Uno de los hombres levantó la persiana y los rallos del sol inundaron la fábrica.
Ya era de día y la fábrica daba a una Gran Vía del centro de la ciudad. Todo estaba lleno de coches y taxis que iban de aquí para allá, y personas con bolsas de la compra.
Tragué saliva. ¿Cómo se nos podía haber hecho tan tarde? ¡Podían pillarnos!
Entonces vi un coche de policía a lo lejos, parado al otro lado de la calle. Yo avancé y salí de la fabrica entre todos mis trabajadores, ellos se esparcieron al salir y yo me alejé de ellos a paso ligero, como si no tuviese nada que ver. Vi otra patrulla de policía, presumía que estaba perdido, que alguien debió avisar que la fabrica estaba ocupada por un grupo de delincuentes.
Corrí por el medio de la carretera, a mis lados se quedaban atrás coches de policía aparcados, pero ningun policía alcanzó a verme.
Había huido... hasta la próxima mañana.