sábado, 17 de septiembre de 2011

Destino heróico


 Hoy, como cada mañana de cada fin de semana desde hace a penas un mes me desperté a las 6 de la mañana para salir a correr. Siento el flujo sereno que mana desde el cosmos y desde el centro de la tierra a esa hora tan mágica, poco antes del amanecer.
A esa hora la calle está sometido a un sordo silencio y decorada por las luces anaranjadas de las farolas de ciudad. Llegué al portal de la casa de un amigo que hoy también venía a correr y no contestó al timbre, así que esperé sintiendo el rocío y el frío de la mañana.
Me había percatado que en la acera de enfrente había un coche aparcado y con las ventanillas bajadas que resguardaba a gente dentro. Eran dos personas: un hombre y una mujer. "Una pareja", supuse.
Tras echar un vistazo mientras esperaba la contestación de mi amigo, me volteé para timbrarle de nuevo y lo contestó su madre con voz de sueño. Me sentí culpable al despertarla, pero mi amigo había sido el que había dicho el día anterior que tocara al timbre sin miedo. Ella me dijo que me lo pasaría enseguida.
En ese lapso de tiempo, yo estaba ocultado tras un pilar ante la pareja del coche y, pude escuchar como su conversación se elevaba de tono hasta terminar en una fuerte discusión.
Nada raro hasta aquí, hasta que veo que la mujer abre la puerta del coche y sale, entonces, rápidamente, por la otra puerta sale el hombre, ella empieza a correr dando vueltas al coche, él la persigue. La escena era incluso cómica al principio, se me pasó por la cabeza que jugueteaban a gatos y ratones, pero había algo... que me hizo permanecer entre las sombras como espectador. Algo acontecía, mi sexto sentido para las cosas malas me lo gritaba.
Efectivamente, el hombre comenzó a amenazar a la mujer con que se metiera en el coche de una puta vez o sería peor. Y lo malo -o bueno- es que ella lo obedeció y rápidamente se subió en su asiento.
Él entró al coche y cerró las puertas con pestillo, pero las ventanillas seguían bajadas. Él le abofeteó fuertemente, la mujer lloraba del terror, estaba encerrada.
Sentí su terror y su desesperación, pero a la vez sabía que si había optado por entrar es porque una parte de ella amaba, de una u otra forma a aquél individuo. Comprendí eso y muchas cosas más.
Finalmente mi amigo habló por el telefonillo y le advertí en voz susurrante que me abriera la puerta del portal y que bajase inmediatamente con cautela.
Ahora sólo tenía que esperar que mi amigo bajara, aún podía contemplar como se desarrollaba aquella tortura, que claramente clasifiqué como violencia de género.
Agarré mi teléfono móvil, recuerdo que miré mis manos, mis dedos debían estar temblando, pero estaba firme y estaba seguro de que debía hacerlo. Quería llamar al número contra la violencia de género que había visto en una imagen de mi libro de Formación y Orientación Laboral, pero no lo recordaba. Me cabreé con mi mismo por haberlo olvidado, recordaba la primera y la última cifra, o tal vez eran al revés, aún así, había olvidado la del medio y me vino a la cabeza la duda de que si ese teléfono serviría para terceros o únicamente para la víctima.
Mientras pensaba en una solución contemplé el panorama, esta vez desde dentro del portal, desde la más absoluta oscuridad.
El fuerte brazo del hombre golpeaba reiteradas veces la débil cabeza de su indefensa y débil muñeca. Era delgada, tenía una melena corta, lisa y negra y su cuello bailaba al son de sus cabellos en aquella tortura desenfrenada. Todo envuelto en gritos de horror, que él intentó ahogar.
Supe que debía hacer algo rápido y miré mi teléfono móvil nuevamente, mis manos seguían firmes.
Me propuse que haría algo. Pensé incluso en ir al coche y preguntar gritando que qué ocurría y, azotar a aquél capullo y dejarla libre. Pero mi exuberante raciocinio me mostró una escena en la que ella lo defendía, otra en la que él me vencía, otra en la que no me atrevía... Entonces se me ocurrió algo.

¡Policía! Claro, era la solución... Aunque yo esté en su contra y sepa que la justicia policial nunca ha sido tan moral y justa como debería ser, supe que ellos podrían sacar aquella mujer de esta.
Sé que suena ridículo, pero no recordaba el número de la policía y me insulté a mi mismo, ya que cuando era un niño de cinco años marqué el número de la policía por error y recuerdo que mi madre me abofeteó y castigó durante una semana por hacer aquello. Quizás aquella disciplina había borrado de mi memoria aquel número de teléfono.
En ese momento se abrió el ascensor y salió mi amigo, al fin. Le expliqué todo de la manera más rápida posible, le dije que no encendiera las luces y que permaneciera sin salir del portal, con la puerta entreabriera (yo estaba sosteniéndola con mi mano para que no se cerrara del todo). Le pregunté si sabía el número de la policía y cuando me dijo que no se lo reproché al igual que me lo había reprochado yo.
Aún así, me propuso salir como si nada y correr fuera de la ciudad mientras intentaba recordar el número, que decía que tenía en la punta de la lengua.
Así hicimos, salimos y obviamente dejaron la pelea y permanecieron en silencio, incluso creo recordar que apagaron las luces del techo del automóvil para pasar desapercibidos.
Nos alejamos y entre los dos obtuvimos reminiscencias del número de la policía. Marqué rápidamente y una mujer me contestó, le conté todo lo que he escrito, incluyendo la localización exacta del hecho y me dijo que pronto mandaría una patrulla y emergencias, me lo agradeció, y yo a ella también.
Entonces, me sentí el hombre más orgulloso por lo que había hecho. A pesar de no haber podido hacer nada con mis propias manos...

jueves, 15 de septiembre de 2011

Cinco sueños seguidos

Hacía tiempo que esto no me ocurría. Creo que se debe a que hoy dormí con la cabecera de la cama orientada al norte, siempre escuché que dormir con la cabeza al norte nos aportaría mayor lucidez y espiritualidad a la hora de descansar y dormir.


Primer Sueño
Mi amigo Pablo había cortado con su novia y estabamos con su nueva novia en una casa desconocida (sería la de la chica nueva) Era una habitación como un gran almacén o una tienda de todo a cien, con muchas estanterias repletas de cosas, pero estaba todo bien iluminado con bombillas de luz blanca que colgaban del techo.
Al final del almacén estaban Pablo y ella sentada en una silla de metal que había junto a un escritorio de aluminio y él me la presentaba.
Ella vestía con un suéter verde, era delgada y su cabello era castaño, tambien tenía algo de acné y era menor que yo.
Entonces me acerqué a su cara para darle dos besos y ella no ponía de su parte, retiraba la cabeza hacia atrás. Al final le di el beso y se rió.


Segundo Sueño.
La misma chica del primer sueño aparecía, era como si ya la conociese de hace tiempo y venía con mi grupo de amigos, pero una noche trajo a su novio y no era mi amigo Pablo. Ya debían de haber cortado. Ahora era un chico moderno, grande, musculoso y con unas gafas enormes. Ella estaba entre sus brazos, ambos sentados en una acera. Yo tambien estaba sentado allí con otros amigos.
Entonces escuché que ella le susurraba que venía de una familia y un barrio pobre, y que nunca podría ser como él, que no quería cambiar.


Tercer Sueño.
Estaba con mi familia en la casa del pueblo de mi padre. Antes de lo que voy a contar ocurrió algo en el salón, pero no recuerdo.
Teníamos al gato en el corral y lo escuché maullar. Cuando llegué al corral me vi a mi gato echado de costado en el suelo y otro gato mucho más pequeño haciendo lo mismo al lado, ambos se frotaban las cabecitas y llamé a mi madre.


Cuarto Sueño.
Había ido de excursión a una sierra a hacer senderismo com mi hermana y su marido. Sería por la tarde, cuando el sol da mas fuerte.
Estabamos descansando en una especie de cueva cuando encontré un animal, era un urón muy grande que tenía escamas marrones por pelaje.
Yo lo agarré y comencé a jugar con él.
Cuando pasó el tiempo lo dejé marchar, y después recordé que no me había echado ninguna foto con él. Así que comencé a buscarlo y lo encontré.
Me puse a echarme fotos con el extraño animal que tanto cariño me habia cogido.


Quinto Sueño.
Había ido con unos amigos que no había visto nunca, caras que desconocía hasta la fecha, a un pueblo lejano y pequeño, de esos de calles estrechas y desniveladas, con casitas blanqueadas y calles tranquilas.
Nos hospedábamos en una casa de estas, qeu debía ser de alguno de mis amigos o de un familiar suyo. Sería el medio día.
Eramos más de 6 en el grupo y desconocía sus caras, así como el pueblo.
El caso es que una chica (la más hermosa de todas: rubia,con ojos azules, y vistiendo un vestido caído y largo que ondeaba y era de color marrón, cosa que hacía que se marcara su trasero.
Entonces algo me dijo que yo tambien debía irme y bajé la calle detrás de ella.
Todos me miraban y se burlaban silbandome, animandome a que la alcanzara para besarla o ir con ella a un lugar mas solitaro.
Yo ni siquiera volteé la cabeza, solo la miraba a ella con miedo de que girase su mirada y me viera que la seguía.
Pero yo no la seguía, simplemente nuestros caminos coincidieron.
Entonces ella llegó a un portón gigante y pintado de rojizo que había de un muro pintado de blanco. La gran puerta era metálica y tenía un cerrojo de esos cilíndricos que hay que correr para poder abrir, era enorme.
Entonces la chica rubia movió el cerrojo y un sonido fuerte me advirtió que su camino terminaba ahí. Me sorprendí al descubrir que habían ese tipo de puertas separando las calles, ya que la puerta abierta dió a otra calle.
Ella entró y yo no dudé en seguirla por mera curiosidad.
Ella giró entonces a la izquierda y comenzó a subir una pendiente, yo decidí dejar de seguirla, ya había lelgado a un lugar nuevo y era preferible dar una vuelta para ver si descubría algo interesante en el pueblo. Aquí recuerdo que yo llevaba mi videocámara apretada en mi mano y mi idea era grabar el pueblo.
Encontes me topé con un solar sin casitas a mi izquierda y entré. Había una bajada y llegué a un gran parque. Era un terreno extenso de arena fina y plana. Tenía un porche que daba sombra en una parte y a la otra. Y estaba rodeado por un muro por sus 4 lados. Se asemejaba a una plaza de toros cuadrada y para salir había que subir los escalones del porche o los del lado contrario.
Vi que un grupo de amigos de los que se habían quedado en aquella casa pero que todavía no conocía del todo estaban por el centro del parque caminando en grupo y ellos me vieron tambien.
Paseamos juntos durante un tiempo.
Entonces volvimos al porche y subimos las escaleras que llegaban al solar de la calle anterior cuando descubrí que en mi mano no estaba la videocámara.
Un sentimiento de autodesprecio por dejarla caer y por perderla de aquél modo tan tonto me acongojó y martirizó. Volvi y comencé a buscarla por el parque. Habían algunas personas paseando a lo lejos, como cinco o seis (en parejas y algunas en solitario). Entonces el grupo de amigos desconocidos se percató que me había quedado atrás y una chica que me preguntó que qué hacía. Yo le dije que había perdido mi videocámara llevandola en la mano. Algunos se rieron, otros se preguntaban como había sido capaz. Pero yo trataba de ignorarlos buscándo más y más.
Entonces algo me hizo mirar a lo lejos, a un chico que llevaba una camiseta azul y unos pantalones piratas de color blanco.
En el momento en que fijé mi mirada en él se volteó para mirarme y me hizo un gesto con la mano como saludándome.
Comprendí entonces que él debía haber encontrado mi camara, recordé en ese momento el lugar exacto en el que lah abía perdido: el porche, y recordé tambien que ese chico pasaba por allí cuando la perdí. No se como, pero lo recordé mientras me miraba.
Corri hacia él, me seguían todo el grupo de amigos.
Un amigo preguntó por mi si tenía la cámara y sonrió. Tenía el pelo moreno y de punta, formando una especie de cresta con algunas mechas tintadas de rubio. Tambien tenía pendientes y algún piercing.
Se dirigió especialmente a mi y dijo que tuviera mas cuidado, que ahora que se la habia encontrado no tenía por qué darmela. Aun asi me la dejó caer en la mano y se volteó para partir.
Yo no sabía que decirle, pero al final salió de mi boca un gracias, él seguía alejandose y continué diciendole muchas gracias hasta que se volteó y me dedicó una sonrisa.