domingo, 27 de febrero de 2011

Danza de escobas y raíces (Sueño)


Subía un puente con mi amiga de la infancia cuando veo entre los olivos cercanos una escoba barriendo sola, sin que nadie la sujetara del mango. La tierra asciende en forma de garabato humeante y suena el chirrido continuo de las partículas de arenilla. Mi amiga se escandaliza y escapa de una rama que cobra vida y quiere clavársele, girando ferozmente sobre sí misma en el aire. Quiero ayudarla, pero otra escoba viene dando vueltas de campana por el suelo, alzando tras de sí una columna de arena. Esquivo el escobazo de un salto y veo que mi amiga sigue huyendo de aquella malvada garra de la naturaleza. Las escobas levantan más y más tierra para cegarme e intentar acabar conmigo en una cruel paliza. Salto a la cama con ella. La cama sale a un lugar claro, tan iluminado que deslumbra y huimos y huimos de la pesadilla de los objetos animados.
YO yazco tumbado en el lado izquierdo de la cama, mi lado favorito para todas las cosas. Ella se queja de estar en el derecho y vemos que estamos en la habitación de un amigo de la infancia del que ya no sé nada más que está en uno de esos pozos del recuerdo.
Estamos en la habitación de él. Lo sabemos y debemos salir de allí por algún motivo, quizás, simplemente porque aquella no es nuestra propiedad.

sábado, 26 de febrero de 2011

Promesas Rotas de la Infancia

Un amigo de la infancia es aquél que aporta una sustancia especial a nuestra mente cada vez que lo recordamos en el transcurso de los años. Aquél que nunca se podrá olvidar por completo, aquél que se aferra en nuestros más profundos Pozos del Recuerdo y se niega a salir de ellos o no se ve capaz de hacerlo.
Y si se hicieron promesas en aquellas Blancas Épocas de Inocencia, esos recuerdos se intensifican y se vivifican en nuestros sueños más especiales.
Doy fe.
Lo que al principio era simple amistad, se fue intensificando hasta ser tan fuerte que se desintegró, desapareciendo por completo en una explosión de éxtasis. Y, por muchos amigos que se logre hacer ahora, nunca se anula la pena de esos viejos pozos de llantos y desesperanza por la vuelta al pasado personal.
Al Prado de la Inocencia.
YO siempre fui una persona solitaria, desde que tengo consciencia en esta vida. Vivía al margen y todos los buenos amigos que hice fueron mera casualidad, no puedo negarlo. Pués desde niño pensé que no era una persona normal... Algo me decía que nunca podría ser un adulto, cosa que pienso hasta el día de hoy, pero, entre niños de mi edad también era diferente, desde el Jardín de la Infancia. Cuando se jugaba a rescatar a la princesa... YO era el brujo o dragón malvado. YO era al que todos envidiaban a la hora de dibujar, e incluso la profesora se traumatizaba al ver el talento traumatizante de un niño de cinco años, aquél que odiaba las pelotas y estar con muchos niños a la vez.
Hasta ahora, puedo ver cinco pozos, algunos abiertos, otros entrecerrados y otros aún abiertos casi por completo.
En su interior reposan los recuerdos de mis cinco amigos de la infancia, aquellos que nunca podré olvidar, aunque sepa que sus cuerpos no son más que polvo en la profundidad de la Santa Tierra... Siempre serán sus pozos para mí, siempre tendrán sus nombres y fotografías grabados en la pesada losa que sostienen. Pozos del Recuerdo Perpetuo y eterno del añoro, del anhelo y de la melancolía.
De esos cinco amigos aún conservo dos, hasta hace poco tres. Otros cayeron al pozo hace más de una década.
No siempre he luchado para mantenerlos y, quizás por eso más de la mitad ya se haya marchado. Con cada uno de ellos he discutido, lloré, defendí, fui defendido, he peleado con alguno, jugué, conversé en aquél Prado y... sobretodo deseé nuestra eterna amistad, símbolo del egoísmo del infante. Ellos cinco fueron además de frutos de la selección del azar, frutos de mi selecto filtro que mesura la calidad de las personas, conforme a la mía. Esto quiere decir que YO, al ser tan solitario , no es que rechazara a todos y fuese un típico niño con trastornos antisociales. Siempre los estuve esperando allí, aunque ninguno de ellos se diese cuenta. Esperaba que ellos vinieran y lo hicieron, cosa que les agradezco y siempre les agradeceré, pues fueron unas de las más hermosas y resplandecientes rosas del jardín que ahora no es más que una maraña de tallos dentados y difusos que habitan mi pecho.
Ellos CINCO no vinieron juntos, podría separarlos en etapas de mi vida. La primera y el tercero son los que aún hoy conservo, el tercero tiembla en el pozo y el Verdugo del Olvido está comenzando a correr la losa, pero lucho con todas mis fuerzas por evitarlo, a estas alturas no puedo permitirme el lujo de que uno de los dos últimos se marche. No quiero olvidaros nunca, pero prefiero conformarme con una muestra real de que están vivos... y como soy tan egoísta, los quiero a ellos por muestra.
Hoy tuve un sueño... Un sueño fragmentado en dos.
Y vi aquél Prado de la Inocencia extenso e iluminado, pero algo no cuadraba... YO era el de ahora. Era hoy, no era el ayer. Y aquellas dos rosas marchitas seguían vivas, cuatro de los cinco pozos seguían abiertos.
En el primer fragmento me encontré con aquél niño asocial y de mal carácter que se trasladó a mi escuela en segundo o tercero de primaria. Aquél que envidiaba mi talento en el dibujo y me miraba con odio al principio. Pero la casualidad nos acercó y terminó adorando mi talento. Terminó viniendo a casa todas las tardes y compartiendo muchos gustos en común. De clase sólo me tenía a mi, pues era un niño de carácter repelente en un principio, pero se abrió a mí de tal manera que logramos ser tan amigos como nunca había imaginado el día en que el profesor lo presentó ante la clase.
En el sueño me topaba con él, no como lo recordaba, sino como un adulto, en una calle, por la tarde. Nos saludamos dándonos la mano y hablaba como si todos estos años no hubiese estado en el interior de su pozo. Aún había confianza entre nosotros y eso me alegraba. Creo recordar que nos despedimos con un "hasta luego" e intercambiamos nuestras nuevas direcciones... Un sueño de falsas ilusiones, un oscuro reflejo de la salida a la esperanza.
En el segundo fragmento la cabeza de ella reposaba en mi hombro. Más que un sueño fue una visión de algo que ocurrió en vigilia, hace muchos años. Exhaustos tras subir todas las escaleras del instituto hasta llegar al último piso, dejados caer contra la pared, al final del iluminado pasillo.También me vi peleando con ella, con la última encerrada... Luego hicimos las paces, como aquél día y, nos abrazábamos.
Pero ella ya no está, ni él... El pozo está cerrado y parece que ya no hay marcha atrás.
¿O tendré la fuerza necesaria para correr las losas algún día?

Estos sueños me han hecho pensar en el pasado y en el posible futuro y... creo que han intentado susurrarme que aún hay un pequeño hilo que sale bajo las losas, que aún hay alguien ahí abajo, intentando que lo ilumine con la blanca luz de ahí arriba y le extienda el brazo para sacarlo de la profunda oscuridad del mentiroso olvido.
Parece ser que como siempre... todo está en mis manos.

Gracias a LOS CINCO por adornar con colores mi casi monocromática y amarga infancia.

martes, 22 de febrero de 2011

Catedrales en el Aire

Paseaba entre muros de piedras geológicas muy antiguas, suntuosos muros que se alzaban hasta perderse en las alturas.  Me hallaba en lo alto de una extensa azotea, eso lo sabía sin necesidad de asomarme al borde, podía sentir la altura y ver una barandilla en el horizonte. Debía estar sobre un edificio tan extenso donde cabían decenas de catedrales de estilo gótico, todas ellas valladas por barrotes metálicos y lo suficientemente altos para que no se pudiera trepar. Sin embargo las puertas de las vallas de cada catedral estaban abiertas, invitándonos a penetrar en sus milenarias bocas a Iván y a mí. 
A causa de la altura había mucho viento. Iván odia el viento. 
Nuestros cabellos largos se despeinaban hacia atrás ondeando y ondeando y nos cubrían imperfectamente los rostros. Nos encorvábamos hacia adelante haciendo frente al viento como valientes soldados, tratando de cubrirnos la mirada de la próxima ráfaga de balas, vanamente.
Pasamos por una catedral terminada en picos bastante semejante a La Sagrada Familia de Barcelona, construida del mismo material pero una vez menos extensa. 
Lo que me llamó la atención de dicha catedral fue la pintura que había trazada en una de sus placas de piedra, junto a la entrada. Era una pintura alargada y estrecha, la silueta del borde no era totalmente rectangular, sino que los bordes no habían sido terminados y se apreciaban las pinceladas sobre la piedra. Supongo que la pintura era una vaga fotografía de la obra titulada "Saturno devorando a su hijo" que había grabada en mi mente, pero algo deformada, el hombre caníbal que aparecía en la catedral tenía los cabellos negros y una cara aún más horrorizada mientras devoraba un cuerpo no tan pequeño, bien formado y de su mismo tono de piel.
"¿Has entrado a esta?": le pregunté a Iván con una mueca de incertidumbre. Iván me respondió negativamente y decidimos entrar a la catedral del grabado caníbal.
Al encontrarnos dentro, ya no habían puertas hacia el exterior o éstas se habían cerrado instantáneamente sin emitir ni un sólo chirrido a pesar de su descomunal tamaño. Pero a Iván y a mí no nos preocupaba otra cosa que continuar caminando catedral adentro. El interior no era el de una antigua construcción gótica, sino un pasillo bastante más moderno, de techo alto y una considerable oscuridad, aunque estaba iluminado por una tenue luz verde proveniente de algún lugar parecido a un LED que nos mostraba cosas como grandes rollos de tela vieja reposando contra la pared, marañas de cables cortados por el suelo, polvo por doquier y focos rotos entorpeciéndonos cada paso en nuestra ruta.
Del recodo oscuro que había más adelante salieron dos personas.  Ambas caminaron en dirección opuesta a la nuestra y miramos sus rostros hasta que se quedaron atrás de nosotros. Estaban horrorizados, con unos ojos bien abiertos y una boca desencajada a causa del terror.
¿Qué nos aguardaba más al fondo?
No un pasillo recto sin más, la estancia estaba formada por varios pasillos cruzados y también habían pequeñas puertas que sentía que no eran importantes abrir. Entonces recordé haber estado allí antes, en otro sueño. No sabía que por fuera hubiese sido una catedral, pero en aquél interior había estado en otro sueño. De eso estaba seguro y, se lo comuniqué a Iván. Entonces nos encontramos con una zona bastante iluminada de luz verde que nos mostró un gran telón rojo como el de los teatros, tapando un arco en la pared. No era lo suficientemente largo como para rozar el suelo y se podía ver por debajo lo que nos deparaba detrás: unas escaleras descendientes, que se perdían en la penumbra.
"He estado ahí abajo": susurré y recordé la pesadilla que había tenido algún día, aquella en la que había tenido la oportunidad de explorar aquél horrible lugar. Se trataba de un laberinto de pasillos estrechos y oscuros, algunos iluminados por focos de mortecina luz rojiza, custodiados por unos demonios que nunca había visto. Sin duda sabía que en aquél laberinto moraban terribles demonios, en mi última visita a ese lugar había escuchado sus horribles gritos y presenciado su presencia.
Se lo dije a Iván y me miró con confianza. No llegamos a correr el telón y descender, y es cierto que el terror se apoderó de nosotros, pero no retrocedimos ni un solo paso y supuse que en aquél sueño no debía temer. Pues no estaba sólo esta vez.
Desperté con una extraña sensación.


Como dije antes, tuve un sueño antes en el mismo lugar. En el lugar que había detrás del telón, en este iba con mi amigo Iván y no crucé el telón pero al permanecer ante él miles de recuerdos de mi otro sueño (o pesadilla) volvieron a mí. En aquella pesadilla había descendido YO solo al laberinto, me había subido en un pequeño carrusel de feria y me había perdido por los pasillos del laberinto mientras escuchaba los gruñidos de los demonios e intentaba salir a alguna parte.
¿Por qué ahora visitamos Iván y yo un lugar que había aparecido ya en otra pesadilla mía? ¿Por qué entramos precisamente a la catedral de la pintura del caníbal? ¿Por qué habían telas, cable, focos y un telón en aquél lugar? De lo que estoy seguro es que toda esta simbología de catedrales en el aire, lienzos "canibalistas", laberintos demoníacos y telones cubriéndome.  quiere decir muchas cosas de mi ser y del de Iván.
Él no sé, pero es cierto que yo vivo detrás de un telón, en la oscuridad, oculto de las dificultades que hay al otro lado, todos los caminos que me quedan por escoger y todos esos demonios hambrientos de mi desdicha y derrota.

jueves, 3 de febrero de 2011

Viajero del Tren Onírico


Hasta ahora he viajado poco, y agobiado de mi rutinario entorno lo que más anhelo es arrancarme esta vida comenzando otra bien lejos... Allí donde los que me conocen ya deben saber.
Desde siempre me he sentido como encerrado en mi propia vida. 
Como un preso del supuesto Dios.
Lo más cercano que hago a un viaje es salir de mi ciudad para ir al centro en tren, en un principio lo hacía con amigos, ahora cuando me siento raro soy capaz de ir sólo y perderme en estaciones lejanas en las que nunca había estado. Me gusta mirar el punto en el que estoy en el mapa de la estación y ver que para hacer el recorrido que hay de vuelta hasta mi ciudad tengo que hacer infinidad de transbordos. Saber que ahí, en ese punto, nadie me conoce.
Saber que todos me miran de nuevas, que desprendo misterio, sentirme como si viniese de otro mundo. 
Aunque algo paranoico, siempre pienso en el peligro... ¿Pero acaso el peligro no es excitante?
El mero hecho de una extraña mirada... Aquellas miradas continuadas de gente extraña durante paradas en un vagón casi vacío cuando ya se hace de noche ahora en invierno... 
Pero no quería contar mis aventuras en estado de vigilia si no el mundo onírico en el que vivo cuando dejo este mundo, en su totalidad.

A veces visito lugares mientras duermo que en un principio son lugares físicos, pero siempre acaban deformándose, extendiéndose y abrumando la lógica realidad. Cuando visito estos lugares en sueños, me siento totalmente aislado, siempre voy sólo, son sueños en solitario.
Tampoco suelo llevar ningún tipo de equipaje ni mochila y, siempre me doy cuenta de que me queda poco dinero en el bolsillo y que no sé si podré volver a casa. En esos momentos sufro un extraño contraste, las ansias por volver y el sentimiento de nostalgia se enfrentan entonces a mis anhelos de libertad y aquellos horizontes que aguardan por mi.
¿Quién gana? Ganan estos últimos, pues siempre me alejo más y más de casa, visito lugares más lejanos y desconocidos.
Por ejemplo, esta madrugada estuve en un escenario que me resultó demasiado familiar, no solo por asemejarse a la línea de trenes de la comunidad en la que vivo, sino por haber sentido que había estado sobre esas mismas vías, en el vagón de aquél mismo tren... haber estado allí muchas otras madrugadas, mientras mi cuerpo duerme plácidamente sobre un colchón de espuma en el mundo donde ahora escribo estas palabras.
Recorro espacios oscuros que con mi vista dormida puedo ver, he visto los raíles y las vías bajo mis pies a pesar de estar dentro del tren. Los nombres de las paradas eran desconocidos, como lenguajes que no había escuchado jamás. 
Sin embargo, sabia que había estado allí alguna vez, y como en muchas otras ocasiones anteriores no sabia donde terminaría mi trayectoria. 
Me bajé en una parada al azar, el cielo azul de una gran ciudad se extendía sobre mí y llegaba hasta perderse en los grandes y antiguos edificios del fondo.
Había mucha gente en esa nueva ciudad, entre ellos estaba un cantante extranjero cuya música escucho a menudo y me saludó dándome dos besos (?) La gente me miró llena de envidia formando un corro alrededor y yo hablé con él  en un idioma que ambos entendíamos. 
Después nos separamos y me percaté que no conocía la ciudad, pero que no debía temerla por ser desconocida, sino explorarla hasta explotarla.

Aquí terminó mi sueño de hoy.
Como dije antes, no es el primero en el que voy en un tren que pasa por paradas y estaciones desconocidas. Es uno de esos sueños que se repiten una y otra vez de diferente forma pero que vamos olvidando y que sólo recordamos cuando lo vemos varias veces, dejando esa sensación de familiaridad con el escenario.

La próxima vez hablaré de otros escenarios que he visto durante mis salidas oníricas. Y como siempre, espero que hasta entonces pueda viajar a muchos lugares, ya sea en este mundo o en el otro, que conozca a buenas gentes y vea los más magnificentes parajes que muchos esperan toda una vida por ver. Sobre todo, espero ser consciente completamente una vez visite esos lugares en el plano onírico. Pues mi meta onírica en este mundo es la proyección astral consciente.

Finalmente, dejo un fragmento de lo que un diccionario de los sueños me ha contado:
Ver un tren significa que pronto hará un viaje. Si va en un tren que se desplaza sin traqueteos, llevará a cabo sus planes y sus esperanzas se cumplirá.

En primer lugar, la red de ferrocarriles es como una imagen simbólica del ritmo impersonal e inflexible del destino que se impone por encima de las circunstancias personales y autónomas, como la voluntad y los problemas personales; es como una demostración gráfica de que el interés general o genérico predomina siempre sobre los intereses particulares. 

Es precisamente por ello que el tren es una imagen de la vida colectiva, del destino que nos arrastra, o de una evolución psíquica y espiritual que debemos emprender en una dirección, buena o mala, que quizás es una de las pocas cosas en las que somos libres de escoger.

La misma ESTACIÓN también la hemos analizado, y lo curioso es que en los sueños casi siempre la soñamos como estación de partida y casi nunca de llegada, y es que también en la vida real es más fácil saber dónde estamos que adonde llegaremos. - 

La locomotora tanto puede significar al Yo consciente que dirige nuestra evolución, ya sea en bien o en mal, como el destino impersonal que nos arrastra. 

El boleto del tren visto en sueños nos recuerda que en esta vida para poder recibir antes hay que dar; que no es posible evolucionar sin sacrificio ni progresar materialmente sin nuestro esfuerzo personal. Pero, además, cada billete lleva impreso la clase de vagón al que nos corresponde subir, por lo que cuando nos vemos en una clase que no es la que indica el billete, el sueño nos está diciendo si estamos sobrevalorando nuestras verdaderas capacidades y posibilidades, o si por el contrario las infravaloramos. 
¿Que creéis que significa vosotros?
Mi vida está cambiando... Yo estoy cambiando... Algo grande y deseado me espera o... ¿Simplemente es la suma de todo esto? Lo que si que noto es que últimamente estoy cambiando tanto por dentro como por fuera mientras busco la catarsis de mi propia existencia.
Algo que no puede ser un mero vano hecho.