Un amigo de la infancia es aquél que aporta una sustancia especial a nuestra mente cada vez que lo recordamos en el transcurso de los años. Aquél que nunca se podrá olvidar por completo, aquél que se aferra en nuestros más profundos Pozos del Recuerdo y se niega a salir de ellos o no se ve capaz de hacerlo.
Y si se hicieron promesas en aquellas Blancas Épocas de Inocencia, esos recuerdos se intensifican y se vivifican en nuestros sueños más especiales.
Doy fe.
Lo que al principio era simple amistad, se fue intensificando hasta ser tan fuerte que se desintegró, desapareciendo por completo en una explosión de éxtasis. Y, por muchos amigos que se logre hacer ahora, nunca se anula la pena de esos viejos pozos de llantos y desesperanza por la vuelta al pasado personal.
Al Prado de la Inocencia.
YO siempre fui una persona solitaria, desde que tengo consciencia en esta vida. Vivía al margen y todos los buenos amigos que hice fueron mera casualidad, no puedo negarlo. Pués desde niño pensé que no era una persona normal... Algo me decía que nunca podría ser un adulto, cosa que pienso hasta el día de hoy, pero, entre niños de mi edad también era diferente, desde el Jardín de la Infancia. Cuando se jugaba a rescatar a la princesa... YO era el brujo o dragón malvado. YO era al que todos envidiaban a la hora de dibujar, e incluso la profesora se traumatizaba al ver el talento traumatizante de un niño de cinco años, aquél que odiaba las pelotas y estar con muchos niños a la vez.
Hasta ahora, puedo ver cinco pozos, algunos abiertos, otros entrecerrados y otros aún abiertos casi por completo.
En su interior reposan los recuerdos de mis cinco amigos de la infancia, aquellos que nunca podré olvidar, aunque sepa que sus cuerpos no son más que polvo en la profundidad de la Santa Tierra... Siempre serán sus pozos para mí, siempre tendrán sus nombres y fotografías grabados en la pesada losa que sostienen. Pozos del Recuerdo Perpetuo y eterno del añoro, del anhelo y de la melancolía.
De esos cinco amigos aún conservo dos, hasta hace poco tres. Otros cayeron al pozo hace más de una década.
No siempre he luchado para mantenerlos y, quizás por eso más de la mitad ya se haya marchado. Con cada uno de ellos he discutido, lloré, defendí, fui defendido, he peleado con alguno, jugué, conversé en aquél Prado y... sobretodo deseé nuestra eterna amistad, símbolo del egoísmo del infante. Ellos cinco fueron además de frutos de la selección del azar, frutos de mi selecto filtro que mesura la calidad de las personas, conforme a la mía. Esto quiere decir que YO, al ser tan solitario , no es que rechazara a todos y fuese un típico niño con trastornos antisociales. Siempre los estuve esperando allí, aunque ninguno de ellos se diese cuenta. Esperaba que ellos vinieran y lo hicieron, cosa que les agradezco y siempre les agradeceré, pues fueron unas de las más hermosas y resplandecientes rosas del jardín que ahora no es más que una maraña de tallos dentados y difusos que habitan mi pecho.
Ellos CINCO no vinieron juntos, podría separarlos en etapas de mi vida. La primera y el tercero son los que aún hoy conservo, el tercero tiembla en el pozo y el Verdugo del Olvido está comenzando a correr la losa, pero lucho con todas mis fuerzas por evitarlo, a estas alturas no puedo permitirme el lujo de que uno de los dos últimos se marche. No quiero olvidaros nunca, pero prefiero conformarme con una muestra real de que están vivos... y como soy tan egoísta, los quiero a ellos por muestra.
Hoy tuve un sueño... Un sueño fragmentado en dos.
Y vi aquél Prado de la Inocencia extenso e iluminado, pero algo no cuadraba... YO era el de ahora. Era hoy, no era el ayer. Y aquellas dos rosas marchitas seguían vivas, cuatro de los cinco pozos seguían abiertos.
En el primer fragmento me encontré con aquél niño asocial y de mal carácter que se trasladó a mi escuela en segundo o tercero de primaria. Aquél que envidiaba mi talento en el dibujo y me miraba con odio al principio. Pero la casualidad nos acercó y terminó adorando mi talento. Terminó viniendo a casa todas las tardes y compartiendo muchos gustos en común. De clase sólo me tenía a mi, pues era un niño de carácter repelente en un principio, pero se abrió a mí de tal manera que logramos ser tan amigos como nunca había imaginado el día en que el profesor lo presentó ante la clase.
En el sueño me topaba con él, no como lo recordaba, sino como un adulto, en una calle, por la tarde. Nos saludamos dándonos la mano y hablaba como si todos estos años no hubiese estado en el interior de su pozo. Aún había confianza entre nosotros y eso me alegraba. Creo recordar que nos despedimos con un "hasta luego" e intercambiamos nuestras nuevas direcciones... Un sueño de falsas ilusiones, un oscuro reflejo de la salida a la esperanza.
En el segundo fragmento la cabeza de ella reposaba en mi hombro. Más que un sueño fue una visión de algo que ocurrió en vigilia, hace muchos años. Exhaustos tras subir todas las escaleras del instituto hasta llegar al último piso, dejados caer contra la pared, al final del iluminado pasillo.También me vi peleando con ella, con la última encerrada... Luego hicimos las paces, como aquél día y, nos abrazábamos.
¿O tendré la fuerza necesaria para correr las losas algún día?
Estos sueños me han hecho pensar en el pasado y en el posible futuro y... creo que han intentado susurrarme que aún hay un pequeño hilo que sale bajo las losas, que aún hay alguien ahí abajo, intentando que lo ilumine con la blanca luz de ahí arriba y le extienda el brazo para sacarlo de la profunda oscuridad del mentiroso olvido.
Parece ser que como siempre... todo está en mis manos.
Gracias a LOS CINCO por adornar con colores mi casi monocromática y amarga infancia.

Hoy soñé con un amigo. Con uno de esos pozos que recién empieza a cavarse. Estaba sentado en una larga mesa, delante mío dos mesas más igual de largas, detrás... no lo sé seguramente más mesas paralelas a estas, con más gente, un bullicio de gente hablando resonaba en este gran comedor. Si, estábamos comiendo. Un almuerzo de etiqueta. Cubiertos de un brillante plateado, los platos de porcelana blanca impoluta. Todos vestidos con trajes. No me giré a los lados para ver quien estaba ahí, sabía que estaba a gusto ahí sentado. Me sentía lleno, ya no comía nada. En la mesa de delante alguien acababa con un gran trozo triangular de pastel. Y sin saber que esperaba, sonreí, y fijé mi vista a un gran escenario alargado que se encontraba encarado a las mesas llenas de gente. De repente bajó la intensidad de la luz en el comedor, dejando el escenario más iluminado. LO VI, era él. Nunca antes lo había visto en persona, pero le reconocí! era él, sin duda. Caminaba con fuerza. Con elegancia. Todos le mirábamos. Aún así, él no nos prestó atención alguna. Siguió, bajó del escenario, desapareció. Era esto lo que esperaba ver? Era esto lo que esperábamos ver? Justo con este pensamiento se desvaneció todo el comedor, y se creo una larga sonrisa en mi cara. Esta vez palpable. seguí sonriendo unos segundos más, largos segundos.
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