Hasta ahora he viajado poco, y agobiado de mi rutinario entorno lo que más anhelo es arrancarme esta vida comenzando otra bien lejos... Allí donde los que me conocen ya deben saber.
Desde siempre me he sentido como encerrado en mi propia vida.
Como un preso del supuesto Dios.
Lo más cercano que hago a un viaje es salir de mi ciudad para ir al centro en tren, en un principio lo hacía con amigos, ahora cuando me siento raro soy capaz de ir sólo y perderme en estaciones lejanas en las que nunca había estado. Me gusta mirar el punto en el que estoy en el mapa de la estación y ver que para hacer el recorrido que hay de vuelta hasta mi ciudad tengo que hacer infinidad de transbordos. Saber que ahí, en ese punto, nadie me conoce.
Saber que todos me miran de nuevas, que desprendo misterio, sentirme como si viniese de otro mundo.
Aunque algo paranoico, siempre pienso en el peligro... ¿Pero acaso el peligro no es excitante?
El mero hecho de una extraña mirada... Aquellas miradas continuadas de gente extraña durante paradas en un vagón casi vacío cuando ya se hace de noche ahora en invierno...
Pero no quería contar mis aventuras en estado de vigilia si no el mundo onírico en el que vivo cuando dejo este mundo, en su totalidad.
A veces visito lugares mientras duermo que en un principio son lugares físicos, pero siempre acaban deformándose, extendiéndose y abrumando la lógica realidad. Cuando visito estos lugares en sueños, me siento totalmente aislado, siempre voy sólo, son sueños en solitario.Tampoco suelo llevar ningún tipo de equipaje ni mochila y, siempre me doy cuenta de que me queda poco dinero en el bolsillo y que no sé si podré volver a casa. En esos momentos sufro un extraño contraste, las ansias por volver y el sentimiento de nostalgia se enfrentan entonces a mis anhelos de libertad y aquellos horizontes que aguardan por mi.
¿Quién gana? Ganan estos últimos, pues siempre me alejo más y más de casa, visito lugares más lejanos y desconocidos.
Por ejemplo, esta madrugada estuve en un escenario que me resultó demasiado familiar, no solo por asemejarse a la línea de trenes de la comunidad en la que vivo, sino por haber sentido que había estado sobre esas mismas vías, en el vagón de aquél mismo tren... haber estado allí muchas otras madrugadas, mientras mi cuerpo duerme plácidamente sobre un colchón de espuma en el mundo donde ahora escribo estas palabras.
Recorro espacios oscuros que con mi vista dormida puedo ver, he visto los raíles y las vías bajo mis pies a pesar de estar dentro del tren. Los nombres de las paradas eran desconocidos, como lenguajes que no había escuchado jamás.
Sin embargo, sabia que había estado allí alguna vez, y como en muchas otras ocasiones anteriores no sabia donde terminaría mi trayectoria.
Me bajé en una parada al azar, el cielo azul de una gran ciudad se extendía sobre mí y llegaba hasta perderse en los grandes y antiguos edificios del fondo.
Había mucha gente en esa nueva ciudad, entre ellos estaba un cantante extranjero cuya música escucho a menudo y me saludó dándome dos besos (?) La gente me miró llena de envidia formando un corro alrededor y yo hablé con él en un idioma que ambos entendíamos.
Después nos separamos y me percaté que no conocía la ciudad, pero que no debía temerla por ser desconocida, sino explorarla hasta explotarla.
Aquí terminó mi sueño de hoy.
Como dije antes, no es el primero en el que voy en un tren que pasa por paradas y estaciones desconocidas. Es uno de esos sueños que se repiten una y otra vez de diferente forma pero que vamos olvidando y que sólo recordamos cuando lo vemos varias veces, dejando esa sensación de familiaridad con el escenario.
La próxima vez hablaré de otros escenarios que he visto durante mis salidas oníricas. Y como siempre, espero que hasta entonces pueda viajar a muchos lugares, ya sea en este mundo o en el otro, que conozca a buenas gentes y vea los más magnificentes parajes que muchos esperan toda una vida por ver. Sobre todo, espero ser consciente completamente una vez visite esos lugares en el plano onírico. Pues mi meta onírica en este mundo es la proyección astral consciente.
Finalmente, dejo un fragmento de lo que un diccionario de los sueños me ha contado:
Ver un tren significa que pronto hará un viaje. Si va en un tren que se desplaza sin traqueteos, llevará a cabo sus planes y sus esperanzas se cumplirá.
En primer lugar, la red de ferrocarriles es como una imagen simbólica del ritmo impersonal e inflexible del destino que se impone por encima de las circunstancias personales y autónomas, como la voluntad y los problemas personales; es como una demostración gráfica de que el interés general o genérico predomina siempre sobre los intereses particulares.
Es precisamente por ello que el tren es una imagen de la vida colectiva, del destino que nos arrastra, o de una evolución psíquica y espiritual que debemos emprender en una dirección, buena o mala, que quizás es una de las pocas cosas en las que somos libres de escoger.La misma ESTACIÓN también la hemos analizado, y lo curioso es que en los sueños casi siempre la soñamos como estación de partida y casi nunca de llegada, y es que también en la vida real es más fácil saber dónde estamos que adonde llegaremos. -
La locomotora tanto puede significar al Yo consciente que dirige nuestra evolución, ya sea en bien o en mal, como el destino impersonal que nos arrastra.
El boleto del tren visto en sueños nos recuerda que en esta vida para poder recibir antes hay que dar; que no es posible evolucionar sin sacrificio ni progresar materialmente sin nuestro esfuerzo personal. Pero, además, cada billete lleva impreso la clase de vagón al que nos corresponde subir, por lo que cuando nos vemos en una clase que no es la que indica el billete, el sueño nos está diciendo si estamos sobrevalorando nuestras verdaderas capacidades y posibilidades, o si por el contrario las infravaloramos.
¿Que creéis que significa vosotros?
Mi vida está cambiando... Yo estoy cambiando... Algo grande y deseado me espera o... ¿Simplemente es la suma de todo esto? Lo que si que noto es que últimamente estoy cambiando tanto por dentro como por fuera mientras busco la catarsis de mi propia existencia.
Algo que no puede ser un mero vano hecho.
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