Perdido encuentro un hogar con una agradable familia. Ellos quieren que YO sea feliz. Espero la cena en la sala de la chimenea para secarme de la lluvia, la hija se ducha y su hermano espera sonriente junto a mí.
Descanso incitante, mano viva y autónoma y fruto oculto que se mueve bajo el suave cielo que cubre lo terrenal, aclamando dicha mano.
Luego, mano con mano, ella está mojada y damos vueltas y vueltas. Sobre sillas, entre una puerta, estiro de sus brazos y su cabeza resuena en el marco.
Después de la cena parto mi viaje, ya ha amanecido, alguien me sigue y me giro.
Es ella, la hija, me abraza y me suplica: "quédate conmigo".
Me agarra de la mano y camina, conmigo.
Bajo el sol del medio día ahora.
Lejos... tal vez a mi hogar incierto.
Mi despertar es triste y pienso... ¿dónde os hayáis ahora?
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