A lo largo de la historia, el Homo Sapiens ha tenido como meta principal un único objetivo: "la búsqueda de la felicidad". Se incluye "búsqueda" porque la felicidad no es algo tan estático y sencillo como podremos imaginarnos. La felicidad siempre se encuentra en el extremo de una línea recta (en un plano) y nosotros siempre nos encontramos en el extremo opuesto. Pocos hombres han alcanzado ese extremo plenamente, y los pocos afortunados que lo han logrado, han caído al extremo opuesto de inmediato. No es de extrañar si aceptamos como premisa que todo lo bueno acaba, pero aceptar esto es aceptar la premisa de dualidad que rige el universo desde la perspectiva de la religión y la ciencia: existe el bien y el mal, lo femenino y lo masculino, la creación y las criaturas, etc. ¿Y si no existiera el bien y el mal? ¿Por qué el bien me resultará beneficioso y no el mal? ¿Acaso vive mejor el que sea feliz (el que está permanentemente en el extremo de esa linea imaginaria llamado felicidad) que el que no lo es? La respuesta depende mucho de varios factores, es bastante amplia y subjetiva, pero voy a tratar de llegar a una sola.
Muchos ancianos cuentan que durante sus vidas, siempre estuvieron buscando la felicidad, siempre querían lo que pensaban que les haría felices en un futuro y lucharon para buscarlo. En el momento en el que cuentan eso, se dan cuenta que han pasado el mayor tiempo de su vida luchando, sufriendo y no siendo felices... pudieron serlo a temporadas o temporalmente, pero su búsqueda no ha hecho que sean felices por un periodo de tiempo grande, mucho menos infinito. Realmente nadie morirá siendo feliz en esta sociedad, muchos morirán sin ser felices realmente. Pero como dije antes, si aceptamos que no existe dualidad en el universo (bien y mal, masculino y femenino, desdicha y felicidad) y que todo es un "todo" como tal, estaremos llenos de plenitud conociendo ese todo como tal. Me explico; no se ha de buscar la felicidad para ser feliz, o lo que es lo mismo: no se ha de ser feliz para vivir con plenitud y satisfacción. El que no es feliz no ha de ser necesariamente un infeliz, un desdichado o un ser patético. Lo que realmente hay que hacer es luchar por no ser feliz, pero a la vez luchar por no ser infeliz o desdichado, equilibrando así la balanza y encontrándonos en el punto medio de la línea imaginaria. Llegados a este punto habremos aceptado las cosas como son y renegado a los extremos o dualidades que nos ofrecen las culturas y sociedades. Al estar haciendo esto estaremos a un paso para alcanzar lo que realmente nos importa a la larga como individuos: la Verdad.
Y es que, el que no es infeliz ni feliz es el único que pretende saber todo, y como muchos filósofos antiguos dedujeron: la verdad universal o el conjunto de verdades pequeñas es lo que realmente nos forman como individuo, nos sacian espiritualmente y nos hacen estar plenos y tranquilos con nosotros mismos.Cuestiones como "¿quién soy realmente?", "¿cuál es mi misión en esta vida?", "¿de dónde venimos los humanos?", "¿por qué acatar estas normas?", "¿quienes son quienes nos gobiernan realmente?", "¿soy libre realmente desde el nacimiento hasta que muera?", "¿por qué el mundo ha de ser tal como lo percibo?", "¿todo siempre fue así?", "¿todo lo que me han enseñado es verdadero o me han mentido?", etc. son las que realmente nos dan motivos para vivir, nos nutren de conocimiento y estimulan nuestra mente y alma como una droga que nos prepara para una "ascensión" por esa línea intermedia que podéis ver en el gráfico (la que llega hasta la verdad).
Sin duda es la línea más larga (la verdad es de las tres cosas la más difícil de alcanzar), pero es justamente esa línea vertical y no la otra horizontal (desdicha-felicidad) la que estará haciéndonos evolucionar espiritualmente. Cualquier punto de la línea verdad estará más alto que la otra.
El anciano sabio no es el que buscó la felicidad durante toda su vida, es el que buscó la verdad y se nutrió de conocimiento y ansias por aprender de forma autodidacta y con intuiciones de su ser más profundo. Aún siendo ahora feliz, el que es feliz es más propenso a la infelicidad que el que nunca lo fue (efecto rebote de la misma línea horizontal), ya que el feliz es más propenso a la mentira y al auto-engaño.
Por otro lado, fijaros como el desdichado se pasa todo el día llorando, quejándose e imaginándose como sería su vida si fuera feliz. Del mismo modo, el casi-feliz se pasa toda su vida intentando ser más feliz y atiborrándose de ocio y bienes materiales. Así ninguno de los dos morirá satisfecho, porque todos los humanos tenemos la verdadera esencia del universo en el interior, aquella que nos grita que ascendamos por esa línea y no permanezcamos tambaleándonos de izquierda a derecha por la más baja.
En resumen, si quieres llevar una vida interesante, sabia, saber de todo, poder cuidar de ti mismo y de los que lo necesiten, ser independiente, vivir en paz, prescindir del llanto y del estado etílico de la felicidad, ser uno mismo y un todo a la vez. No seas feliz, se la verdad y alcanza el máximo de conocimiento que te hará volver sano y salvo al seno de Dios.
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