miércoles, 8 de febrero de 2012

La muerte no me sienta tan mal...

Los problemas familiares siempre fueron comunes en mi vida, desde la infancia hasta la actualidad. Ciertamente nunca tuve empatía con nadie que tuviera mi sangre... o la poca sangre que guarde en este maldito recipiente al que llaman por mi nombre. Yo no soy este, me niego a estar maldito y anclado en mi desdicha.
¡Yo soy algo más, yo debo ser algo más que este cuerpo que nunca adoptó la forma que anhelo y anhelaré!

Recientemente las disputas han aumentado, comencé a refugiarme en mi soledad y terminé dependiendo de ciertas personas que siempre estuvieron dispuestas a escuchar algunos de mis problemas (no todos, y normalmente, los menos insignificantes, pero los desencadenantes de otros más graves). 
Si alguna vez tuve una familia, fueron esos... Y no los que tienen la sangre de mi cuerpo.

Anoche las palabras fueron más fuertes de lo normal y el tono de voz se elevó hasta la luna llena. Hacía frío. Me refugié en la oscuridad de mi morada, aislado de los antagonistas... fuera de la vista de ellos.
Y caí dormido antes de lo que me esperaba, sería por el estrés y el desazón acumulado. 
Esta mañana madrugué para ir al médico acompañado por uno de los seres que frenan mi evolución, uno de ellos. Incluso la doctora está de su parte y no de la mía, el mundo siempre se distorsiona en mi contra...
Las palabras de ambas voces cada vez sonaban más lejanas, mi cuerpo temblaba, la bata de la doctora se hacía difusa y me he tenido que sentar en una de las sillas de la consulta.
Evidentemente ella se ha dado cuenta.
Advirtió de mi palidez, de mi mirada perdida, y de la desconexión paulatina de mis sentidos.
Me obligó a levantarme y me agarró del brazo mientras una mancha negra en el centro de mi campo de visión comenzó a expandirse y crecer hasta cubrirlo todo...
Caminaba con dificultad, no sé si quiera si respiré durante ese lapso de tiempo.
Solo escuchaba vanos lamentos, sentía miradas tras el velo de oscuridad, pero nada me importaba... Sabía que había llegado el momento de dejar de ser lo que no quería ser.
Algo me decía que aquello era fin.
Nunca había vivido esa experiencia.
Mi vista volvió intermitentemente cuando me tumbaban en una camilla, veía el foco de luz sobre mi y me molestaba. Cerré los párpados y escuché que iban a ponerme una mascarilla de oxígeno, pero la voz se perdió en el vacío. Un zumbido agudo y luego grave me desconectó de mis sentidos nuevamente. 
Estaba boca arriba, mi esencia se desprendía de mi cuerpo hacia arriba, elevándose.
En ese momento pensé: "me estoy muriendo. Esto no podía seguir así siempre, es la hora, no voy a oponer resistencia", y sentía que poco a poco dejaba de recibir información sensorial del exterior, poco a poco incluso dejaba de recibir información interna, dejaba de pensar, dejaba de escuchar a mi consciencia, cada vez el vacío se apoderaba más de mi... 
Y entonces una fuerza... un impulso impactó en mi cerebro. 
Eran esas dos personas que sin portar mi sangre se han ganado mi amor.
Pensé en lo mucho que había cuidado de mi una de ellas, y en lo mucho que amaba a la otra... a quien todavía no le había demostrado lo que era capaz de hacer por ella.
"Es el momento" me dijo una voz, mi voz.
No podía rendirme... Habían cosas que todavía no he hecho en esta vida.
Todavía tengo algo que decir... a una de esas dos personas. Y algo que demostrar a ambas... Que las amo, y que ellos son mi familia.
Y abrí los ojos.
El mundo físico fue percibido entonces con total nitidez, escuchaba que me hablaba la persona que me había acompañado, la doctora y el doctor. 
Me pincharon en el dedo con una aguja, me midieron la tensión.
Y pensé... pensé en hacerlo.
Porque esto ha pasado por algo. 
No puedo desaprovechar esta vida... Mi última vida en esta Tierra.
Tengo que hacerlo antes de irme.
Y creo que me falta poco...
Me estoy muriendo de frustración.
Estoy luchando contra todos esos traumas por amor.
Me odio pero me amo.
Tanto como a esas personas que no portan mi sangre...
He de hacerlo pronto...
Si no quiero volver al vacío. 
Pero esa vez, puede ser para siempre.

Mientras tanto me veo bien, a pesar que los doctores dicen que no tengo prácticamente sangre, que no fluye con la debida rapidez y que mi tensión está más baja de lo normal.
Yo me siento a gusto.
Me obligarán a comer sin apetito, cuando lo que realmente me hace falta es dejar que fluya toda esa energía de amor, recíprocamente.
Poniendo de mi parte.
Desatándose de los lazos de sangre que perpetúan todos los monstruos del pasado en mi interior.

Yo soy yo, la muerte no me sienta tan mal, y aunque siga aquí...
Soy yo.
Respiro el aire que ellos respiran...
He de hacerlo, no puedo dejarlos escapar.
No después de lo de hoy.






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